Scientific Book

La cúrcuma

La cúrcuma contiene curcumina, un polifenol estudiado por sus propiedades antiinflamatorias y sus posibles interacciones con el metabolismo energético. Las investigaciones experimentales destacan la participación de AMPK, PI3K/AKT/mTOR y GLUT4, mientras que los estudios clínicos exploran los efectos sobre la glucemia, la resistencia a la insulina y la inflamación, con resultados no uniformes. En el libro «La scelta di Vivere in Salute o in Malattia», el Dr. A. Colonnese y R. Panzironi profundizan en estos mecanismos y en la importancia de la biodisponibilidad, la dosificación y la formulación.

Citar este artículo
Colonnese, A. & Panzironi, R. (2026). La cúrcuma. La elección de vivir en salud o en enfermedad. https://lifesciencehub.info/es/la-scelta-di-vivere-in-salute-o-in-malattia/la-curcuma
La elección de vivir en salud o en enfermedad · ISBN 979-12-82692-05-2

DOI lsh.es.libro.31

  • Publicación 05/11/2026
  • Actualización 05/11/2026
  • CURCUMINA
  • NF-ΚB
  • RESISTENCIA A
  • PI3K/AKT/MTOR
  • AMPK
Infografía con cúrcuma, estructuras de tres curcuminoides y red molecular entre el receptor de insulina, AMPK, mTOR y GLUT4.
Esquema de los curcuminoides —curcumina, demetoxicurcumina y bisdemetoxicurcumina— y de las vías investigadas experimentalmente: activación de AMPK, modulación de PI3K/AKT/mTOR y NF-κB, translocación de GLUT4 y señalización insulínica. De este modo, vincula la cúrcuma con la regulación de la energía celular, la inflamación, la autofagia y la síntesis proteica.

ABSTRACT

La cúrcuma contiene curcumina y otros curcuminoides, compuestos estudiados por sus actividades antiinflamatorias, antioxidantes e inmunomoduladoras. En el libro "La scelta di Vivere in Salute o in Malattia" (La elección de vivir en salud o en enfermedad), el Dr. A. Colonnese y R. Panzironi analizan su participación en los procesos metabólicos y celulares asociados a las enfermedades crónicas. La curcumina puede modular el NF-κB y la producción de citocinas inflamatorias, contribuyendo al control del estrés oxidativo. El interés científico se centra sobre todo en las conexiones entre inflamación, resistencia a la insulina y regulación energética.

A nivel molecular, los estudios experimentales describen una modulación de PI3K/AKT/mTOR, una vía implicada en el crecimiento y la supervivencia celular. En diversos modelos tumorales, la curcumina atenúa su actividad, asociándose a una menor proliferación y a una mayor apoptosis, autofagia y, en algunos contextos, ferroptosis. Paralelamente, la activación de AMPK puede contrarrestar a mTORC1, favoreciendo la regulación de la autofagia y de la acumulación lipídica. Se han observado efectos protectores en modelos de esteatosis hepática, daño ovárico, envejecimiento testicular y alteración de la barrera intestinal, sin que esto demuestre automáticamente beneficios clínicos.

Los metaanálisis clínicos reportan mejoras en la glucemia en ayunas, la hemoglobina glicosilada, algunos parámetros lipídicos y marcadores inflamatorios. Las reducciones de la insulina y del índice HOMA-IR sugieren posibles efectos sobre la sensibilidad a la insulina. Otros estudios describen beneficios en el dolor articular, la rigidez y la recuperación muscular, así como resultados favorables en artritis reumatoide, colitis ulcerosa, psoriasis, osteoartritis y trastornos del estado de ánimo asociados a enfermedades crónicas. La magnitud de las respuestas varía según la formulación, la dosis y las características individuales. La piperina puede aumentar la absorción de la curcumina, pero las ventajas clínicas de esta combinación requieren confirmación.

En conjunto, la curcumina representa un posible modulador complementario de los procesos inmunometabólicos. Las observaciones oncológicas siguen siendo predominantemente preclínicas y no demuestran una eficacia terapéutica consolidada. Su posible uso debe evaluarse considerando la biodisponibilidad, la calidad de la evidencia y las condiciones individuales, dentro del marco de una alimentación equilibrada, actividad física y control de los factores de riesgo metabólico. La investigación futura deberá aclarar la transferibilidad efectiva de los mecanismos experimentales al ser humano.

La cúrcuma y sus propiedades intrínsecas

La cúrcuma (Curcuma longa L.) es una especia obtenida del rizoma seco de una planta perteneciente a la familia de las Zingiberaceae, la misma que el jengibre. Se utiliza desde hace milenios no solo como ingrediente culinario, por su color amarillo intenso y su sabor cálido y ligeramente amargo, sino también como remedio medicinal en las tradiciones ayurvédica, china y de Oriente Medio. Desde el punto de vista agrícola, la cúrcuma crece en entornos tropicales y subtropicales, con suelos húmedos y temperaturas elevadas; los principales países productores son India (que cubre más del 70–80% de la producción mundial), Bangladés, Pakistán, Sri Lanka, Indonesia, China y Tailandia. La calidad biológica de la cúrcuma depende en gran medida de la variedad botánica, el tipo de suelo, el clima y los métodos de secado y molienda del rizoma, factores que influyen directamente en el contenido de sus compuestos bioactivos.

Desde el punto de vista fitoquímico, la cúrcuma es una matriz extremadamente compleja, y esta complejidad explica la vastedad de sus efectos biológicos. Los principales responsables de sus propiedades son los curcuminoides, una clase de polifenoles lipófilos que incluye la curcumina, la demetoxicurcumina y la bisdemetoxicurcumina, siendo la curcumina el componente cuantitativamente más abundante y más estudiado. Junto a estos compuestos fenólicos, el rizoma (un tallo que crece bajo tierra) contiene una fracción volátil rica en terpenoides, que contribuyen de forma sinérgica a la actividad antiinflamatoria, antioxidante e inmunomoduladora general de la especia (Shahrajabian y Sun, 2024) [1]. Es importante subrayar que la cúrcuma no actúa como una sola molécula aislada, sino como un fitocomplejo, en el que los diversos componentes cooperan modulando múltiples vías biológicas simultáneamente.

Uno de los rasgos distintivos de la cúrcuma es su potente acción antiinflamatoria, que se manifiesta a través de la modulación de numerosos mediadores clave de la inflamación crónica. La curcumina es capaz de inhibir la activación del factor de transcripción NF-κB, considerado uno de los “directores” principales de la respuesta inflamatoria persistente, reduciendo la producción de citocinas como TNF-α, IL-1β e IL-6, así como la expresión de COX-2 (Cozmin et al., 2024) [2]. Este mecanismo es particularmente relevante porque la inflamación crónica de bajo grado representa el terreno común de muchas patologías modernas, desde las enfermedades metabólicas hasta las cardiovasculares, pasando por las patologías neurodegenerativas y tumorales. En términos sencillos, la cúrcuma no se limita a “apagar el síntoma”, sino que actúa desde el origen, reduciendo la señal que mantiene la inflamación constantemente activa.

Estrechamente ligada a la acción antiinflamatoria está la función antioxidante de la cúrcuma. Los curcuminoides son capaces tanto de neutralizar directamente las especies reactivas del oxígeno como de potenciar los sistemas antioxidantes endógenos, como la superóxido dismutasa, la catalasa y la glutatión peroxidasa. Este doble efecto permite una protección más estable de las membranas celulares, las mitocondrias y el ADN frente al daño oxidativo crónico (Cozmin et al., 2024) [2]. Es como si la cúrcuma redujera el “óxido biológico” que se acumula en las células cuando el estrés metabólico e inflamatorio persiste en el tiempo.

En los últimos años, el interés científico también se ha desplazado hacia el papel de la cúrcuma en las enfermedades metabólicas inflamatorias crónicas, como el síndrome metabólico, la diabetes tipo 2, la obesidad y las dislipidemias. Las evidencias experimentales y clínicas indican que la curcumina mejora la sensibilidad a la insulina, reduce la glucemia en ayunas y el HOMA-IR, y contribuye a un mejor control de la hemoglobina glicosilada, lo que sugiere una acción directa sobre el metabolismo de la glucosa (Vafaeipour et al., 2022) [3]. A nivel lipídico, la cúrcuma se asocia con una reducción de los triglicéridos y del colesterol total, con efectos más variables pero generalmente favorables sobre las HDL. Estos beneficios parecen derivar de una combinación de reducción de la inflamación adiposa, mejora de la función hepática y modulación de las vías intracelulares involucradas en la lipogénesis (proceso metabólico a través del cual el hígado convierte los carbohidratos, como la glucosa y los azúcares simples como la fructosa, en nuevos ácidos grasos) y en la oxidación de los ácidos grasos.

Esta visión se ha visto reforzada por una revisión de segundo nivel que analizó decenas de metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados, mostrando cómo la curcumina reduce de forma consistente los principales biomarcadores de la inflamación sistémica (PCR, IL-6, TNF-α), del estrés oxidativo (malondialdehído) y de la disfunción glucémica (glucemia en ayunas, insulina y HOMA-IR) en las enfermedades metabólicas inflamatorias crónicas (Lee y Kim, 2024) [4]. El dato particularmente relevante es que estos efectos resultan reproducibles en poblaciones diversas, lo que sugiere un mecanismo de fondo robusto, aunque modulado por la biodisponibilidad de las diferentes formulaciones.

Un aspecto de gran interés se refiere al envejecimiento y a las patologías cardiometabólicas de las personas mayores. En esta etapa de la vida, la inflamación crónica de bajo grado y el estrés oxidativo, el llamado “inflammaging”, representan uno de los principales motores de la pérdida de función metabólica. Una revisión sistemática de ensayos clínicos aleatorizados ha mostrado que la suplementación con curcumina en personas mayores se asocia con una reducción de la PCR, una mejora de la sensibilidad a la insulina, una disminución de los triglicéridos y una reducción de la presión arterial sistólica, delineando un perfil de acción coherente con un apoyo global a la salud cardiometabólica (Rajabinasab et al., 2025) [5]. También en este caso, la cúrcuma parece actuar como un modulador del “terreno biológico” más que como una intervención sintomática aislada.

Finalmente, la literatura más amplia sobre la cúrcuma destaca cómo sus propiedades se extienden también a los ámbitos oncológico, radioprotector, inmunomodulador y regenerativo. La curcumina interfiere con numerosas vías involucradas en la proliferación celular, la supervivencia tumoral y la respuesta al estrés, incluida la vía de la insulina PI3K/AKT/mTOR, promoviendo la apoptosis, la autofagia y la reducción de la angiogénesis (Cozmin et al., 2024) [2]. Al mismo tiempo, muestra una capacidad única para proteger los tejidos sanos de los daños oxidativos e inflamatorios inducidos por radiación, lo que la convierte en un compuesto de gran interés como coadyuvante en contextos clínicos complejos.

En conjunto, estos datos definen a la cúrcuma como una especia profundamente biológica, capaz de dialogar con los principales nodos patogénicos de las enfermedades modernas: inflamación crónica, estrés oxidativo, disfunción metabólica y pérdida de control de los procesos celulares. Una vez más, el mensaje clave es que su potencial emerge plenamente solo si se integra dentro de un estilo de vida coherente, en el que la alimentación, el control glucémico y la reducción de la hiperinsulinemia creen el contexto adecuado para que estos mecanismos puedan traducirse en beneficios reales y duraderos.

La cúrcuma y la suplementación en humanos

Al pasar de las propiedades moleculares de la cúrcuma a su aplicación concreta en humanos, el panorama que emerge es sorprendentemente coherente: los beneficios observados en los modelos experimentales se ven confirmados también en estudios clínicos controlados, especialmente en el contexto de las enfermedades metabólicas e inflamatorias crónicas. En este escenario, la cúrcuma y su principal constituyente, la curcumina, se configuran como herramientas nutracéuticas capaces de complementar el estilo de vida y las terapias estándar, sin sustituirlas, pero potenciando su eficacia.

Uno de los ámbitos más estudiados es el del metabolismo de la glucosa en la diabetes mellitus tipo 2, en el prediabetes y en el síndrome metabólico. Una revisión sistemática con metaanálisis actualizada, que incluyó 28 estudios clínicos aleatorizados, demostró que la suplementación con Curcuma longa o sus curcuminoides está asociada a una reducción significativa de la glucemia en ayunas y de la hemoglobina glicosilada. En promedio, la glucemia en ayunas se reduce cerca de 8 mg/dL y la HbA1c aproximadamente un 0,13%, un dato aparentemente modesto pero clínicamente relevante si se mantiene en el tiempo, ya que se traduce en una reducción del riesgo de complicaciones micro y macrovasculares (Pathomwichaiwat et al., 2023) [6]. Es particularmente interesante que estos efectos hayan resultado coherentes independientemente de la formulación utilizada, lo que sugiere que el beneficio deriva de una acción biológica de fondo más que de un vehículo tecnológico específico.

Esta evidencia se ve reforzada por un metaanálisis de dosis-respuesta que incluyó 59 estudios clínicos aleatorizados, mostrando que la suplementación con cúrcuma o curcumina reduce de forma significativa la glucemia en ayunas, la insulina sérica, la HbA1c y el HOMA-IR. En términos prácticos, esto indica una mejora tanto del nivel medio de glucosa circulante como de la sensibilidad a la insulina, lo que sugiere que la curcumina no actúa solo “aguas abajo” sobre la glucemia, sino que contribuye a hacer la señalización insulínica más eficiente (Dehzad et al., 2023) [7]. Es como si la cúrcuma ayudara a reducir el ruido de fondo metabólico que obliga al páncreas a producir cada vez más insulina para obtener el mismo efecto.

Esta acción se vuelve aún más evidente en los análisis centrados exclusivamente en la diabetes tipo 2. Un metaanálisis cuantitativo que incluyó 18 estudios clínicos con un total de más de 1.300 pacientes mostró que la curcumina reduce la glucemia en ayunas en más de 11 mg/dL y la HbA1c en cerca de un 0,5%, acompañando estos efectos con una reducción significativa de la proteína C reactiva, un marcador clave de la inflamación sistémica (Mokgalaboni et al., 2024) [8]. Este dato es particularmente relevante porque confirma que la mejora del control glucémico no ocurre de forma aislada, sino que es parte de una atenuación más amplia del estado inflamatorio de bajo grado que caracteriza a la diabetes tipo 2.

Un panorama similar emerge también en contextos endocrino-metabólicos específicos como el síndrome de ovario poliquístico (SOP), una condición en la que la resistencia a la insulina, la inflamación y el estrés oxidativo se refuerzan mutuamente. Una revisión sistemática con metaanálisis de dosis-respuesta mostró que la suplementación con curcumina en mujeres con SOP mejora de forma significativa la glucemia en ayunas, la insulina sérica y el HOMA-IR, lo que indica una recuperación de la sensibilidad a la insulina. Es interesante notar que estos beneficios se manifiestan incluso en ausencia de una reducción significativa del peso corporal, lo que sugiere que el efecto metabólico de la curcumina no depende exclusivamente de la pérdida de peso, sino de una modulación directa de las vías intracelulares involucradas en el metabolismo de la glucosa (Mohammadi et al., 2025) [9]. También el colesterol total resulta reducido, delineando un perfil de acción cardiometabólica favorable.

Junto al metabolismo glucídico, la literatura clínica ha explorado el papel de la cúrcuma en la salud musculoesquelética, un ámbito a menudo descuidado pero central en las patologías crónicas y en el envejecimiento. Una revisión sistemática con metaanálisis de 21 estudios clínicos aleatorizados mostró que los extractos de cúrcuma y los suplementos de curcumina mejoran de forma significativa el dolor articular, la rigidez, la funcionalidad y la recuperación muscular, con un perfil de seguridad favorable y una baja incidencia de efectos adversos (Doyle et al., 2023) [10]. Se observó además que las formulaciones con mayor biodisponibilidad, como los extractos hidrodispersables, resultan más eficaces incluso a dosis relativamente bajas, subrayando cómo la tecnología de administración desempeña un papel clave en la traducción del potencial biológico en beneficio clínico.

En su conjunto, estos estudios clínicos delinean un mensaje claro: la cúrcuma y la curcumina no actúan como simples hipoglucemiantes naturales, sino como moduladores sistémicos de la inflamación, del estrés oxidativo y de la señalización insulínica. La mejora de los parámetros glucémicos observada en los estudios es el reflejo de una acción más profunda, que involucra la reducción de la inflamación crónica, la mejora de la sensibilidad a la insulina y la estabilización del terreno metabólico general.

Una vez más, emerge un concepto clave ya encontrado en otros capítulos: la eficacia de la cúrcuma depende también del contexto. Los beneficios observados en los estudios clínicos encuentran su máxima expresión cuando la suplementación se inserta dentro de un estilo de vida orientado a la reducción de la variabilidad glucémica, de la hiperinsulinemia y de la inflamación de bajo grado. En este escenario, la cúrcuma no es un atajo, sino un aliado biológico capaz de sostener y amplificar los procesos de reequilibrio metabólico ya en curso.

La cúrcuma y sus usos para las patologías tratadas

Cuando se observan los efectos de la cúrcuma en las diversas patologías crónicas, emerge con claridad un hilo conductor que vincula ámbitos aparentemente distantes como la diabetes, la autoinmunidad, el cáncer y los trastornos del estado de ánimo. Este hilo está representado por la inflamación crónica de bajo grado, el estrés oxidativo y la disfunción metabólica, tres elementos que la curcumina parece modular de forma simultánea y coherente. Es precisamente esta acción transversal la que explica por qué la cúrcuma encuentra aplicación en cuadros clínicos tan diferentes entre sí.

En la diabetes mellitus tipo 2, la curcumina ha sido estudiada tanto desde una perspectiva preventiva como de apoyo terapéutico. Las evidencias preclínicas muestran que la curcumina mejora la función de las células β pancreáticas, reduce su apoptosis y mejora la sensibilidad a la insulina en los tejidos periféricos, lo que sugiere una acción no limitada al control de la glucemia, sino extendida a la protección del páncreas endocrino. Los estudios clínicos confirman este panorama: la suplementación con curcumina se asocia a mejoras en la HbA1c, la glucemia en ayunas y los marcadores inflamatorios, lo que indica que el beneficio glucémico es el reflejo de una reducción de la carga inflamatoria sistémica que acompaña a la enfermedad (Pivari et al., 2019) [11]. Es como si la curcumina actuara aliviando la “presión metabólica” que obliga al organismo a mantener niveles crónicamente elevados de insulina.

Esta capacidad de modular la inflamación y la respuesta inmunitaria se vuelve aún más evidente en el contexto de las enfermedades autoinmunes. Una revisión sistemática con metaanálisis de 31 estudios clínicos aleatorizados mostró que la curcumina y los extractos de Curcuma longa producen beneficios clínicos significativos en diversas patologías autoinmunes, con evidencias particularmente sólidas en colitis ulcerosa, artritis reumatoide y psoriasis. En estas condiciones, el tratamiento con curcumina se ha asociado a una reducción de la actividad de la enfermedad, mejora de los síntomas y disminución de los marcadores inflamatorios, a menudo como tratamiento complementario a la terapia estándar. También en patologías como el lupus eritematoso sistémico, la esclerosis múltiple y la enfermedad de Crohn, los datos disponibles sugieren efectos favorables, aunque todavía preliminares. Este perfil es coherente con la capacidad de la curcumina para inhibir el NF-κB, modular la producción de citoquinas y favorecer un reequilibrio entre las células inmunitarias proinflamatorias y reguladoras (Zeng et al., 2022) [12].

El papel de la cúrcuma se extiende también a las complicaciones inflamatorias crónicas, como la osteoartritis, las patologías respiratorias inflamatorias, los trastornos gastrointestinales funcionales y las condiciones cardiovasculares. Las evidencias clínicas indican que, en la osteoartritis, la curcumina reduce el dolor y la rigidez articular con una eficacia comparable a los AINE (fármacos antiinflamatorios no esteroideos), pero con una mejor tolerancia gastrointestinal, lo que sugiere una acción antiinflamatoria eficaz pero más “fisiológica”. En otros contextos, como el síndrome del intestino irritable o la psoriasis, los resultados muestran mejoras sintomatológicas y de la calidad de vida, coherentes con la modulación de la inflamación mucosa y cutánea (Zafar et al., 2025) [13]. Una vez más, el mensaje que emerge es que la curcumina no apaga selectivamente un síntoma individual, sino que reduce el entorno biológico que lo alimenta.

En el ámbito oncológico, la curcumina ha sido estudiada como agente quimiopreventivo y como potencial adyuvante a las terapias convencionales. Las revisiones actualizadas muestran que la curcumina interfiere con numerosos procesos clave de la tumorigénesis, entre ellos la proliferación celular, la invasividad, la angiogénesis y la resistencia a la apoptosis, modulando diversas vías, entre ellas PI3K/AKT/mTOR (Yang et al., 2022) [14]. Su capacidad para inducir apoptosis y autofagia sugiere una acción de “normalización” de las señales de crecimiento aberrantes típicas de las células tumorales. Aunque las evidencias clínicas son todavía limitadas y están condicionadas por la baja biodisponibilidad, el perfil de seguridad favorable convierte a la curcumina en un candidato interesante como apoyo integrativo, más que como sustituto de las terapias oncológicas.

Un ámbito a menudo descuidado, pero de gran relevancia clínica, es el de los trastornos del estado de ánimo asociados a las enfermedades crónicas. La depresión y la ansiedad representan comorbilidades frecuentes en condiciones como la diabetes, la obesidad, la artritis y las enfermedades inflamatorias intestinales, y comparten con estas últimas una base inflamatoria y oxidativa. Una revisión sistemática con metaanálisis mostró que la curcumina reduce de forma significativa los síntomas depresivos y, en una medida más moderada pero constante, los ansiosos en pacientes con enfermedades crónicas (Yuan et al., 2025) [15]. Desde el punto de vista biológico, estos efectos se explican a través de la reducción de la neuroinflamación y la activación de vías antioxidantes. Es como si la curcumina redujera el “peso biológico” que la enfermedad crónica ejerce sobre el cerebro emocional, mejorando no solo los parámetros clínicos, sino también la percepción subjetiva de la salud.

En su conjunto, estas evidencias perfilan a la cúrcuma como una especia terapéutica con vocación sistémica, capaz de intervenir en nodos patogénicos comunes a muchas de las patologías tratadas en este libro: inflamación crónica, estrés oxidativo, disfunción inmunitaria y alteraciones metabólicas. Su valor no reside en ser una “cura natural”, sino en actuar como modulador del terreno biológico, apoyando los procesos de reequilibrio cuando se inserta en un estilo de vida coherente, orientado a la estabilidad glucémica, a la reducción de la hiperinsulinemia y al control de la inflamación. Es en este contexto donde la cúrcuma expresa plenamente su potencial, no como una intervención aislada, sino como parte integrante de una estrategia integrada y consciente.

La cúrcuma y la mejora de la resistencia a la insulina

Uno de los aspectos más interesantes de la curcumina se refiere a su capacidad para intervenir directamente en los mecanismos biológicos que subyacen a la resistencia a la insulina, una condición que representa el núcleo fisiopatológico de la diabetes mellitus tipo 2, el síndrome metabólico, la esteatosis hepática no alcohólica y muchas patologías cardiovasculares modernas. De hecho, en presencia de resistencia a la insulina, los tejidos periféricos pierden progresivamente la capacidad de responder correctamente a la insulina, lo que obliga al páncreas a producir cantidades cada vez mayores de hormona para mantener estable la glucemia. Este estado de hiperinsulinemia crónica contribuye a mantener constantemente activo el pathway PI3K/AKT/mTOR, favoreciendo la inflamación sistémica, la acumulación lipídica y la pérdida progresiva de flexibilidad metabólica.

En este contexto, la curcumina parece actuar como un modulador metabólico multifactorial. Una amplia revisión crítica tipo "paraguas" (umbrella review) de los metaanálisis disponibles ha puesto de manifiesto que la curcumina se asocia con una reducción de la glucemia, una mejora de la sensibilidad a la insulina y una disminución de los niveles plasmáticos de insulina (Xu et al., 2025) [16]. Los autores subrayan, además, que estos efectos parecen derivar de la capacidad de la curcumina para activar receptores nucleares, mejorar la función de las células β pancreáticas y reducir el estrés oxidativo, todos ellos elementos estrechamente involucrados en el desarrollo de la resistencia a la insulina. Desde el punto de vista fisiológico, esto significa que la curcumina no se limita a reducir la glucemia de forma "artificial", sino que contribuye a mejorar la capacidad del organismo para gestionar la glucosa de manera más eficiente.

Este panorama también se ve confirmado en las revisiones sistemáticas dedicadas específicamente a la diabetes mellitus tipo 2. Un análisis de once ensayos clínicos aleatorizados mostró que la suplementación con curcumina determina una reducción significativa de la glucemia en ayunas y de la hemoglobina glicosilada, con mejoras en el índice HOMA-IR en numerosos estudios (Mahdavi et al., 2021) [17]. Los efectos más evidentes se observaron en tratamientos superiores a las doce semanas, lo que sugiere que la curcumina actúa a través de un reequilibrio metabólico progresivo en lugar de mediante un efecto farmacológico inmediato. Este aspecto es especialmente importante porque la resistencia a la insulina es una condición crónica que se desarrolla lentamente con el tiempo y que difícilmente puede modificarse mediante intervenciones rápidas y aisladas.

Desde el punto de vista biológico, uno de los mecanismos más relevantes parece ser la capacidad de la curcumina para reducir la inflamación crónica y el estrés oxidativo, dos de los principales factores que alimentan la resistencia a la insulina. La curcumina modula, de hecho, el pathway NF-κB, reduce la producción de citoquinas proinflamatorias y mejora la actividad de los sistemas antioxidantes endógenos (Mahdavi et al., 2021) [17]. Es como si la curcumina contribuyera a "desactivar" ese microambiente inflamatorio crónico que, con el tiempo, hace que los tejidos sean cada vez menos sensibles a la insulina.

Sin embargo, las evidencias más sólidas provienen de los metaanálisis tipo "paraguas" más recientes sobre los índices glucémicos. Una revisión que incluyó 22 metaanálisis puso de manifiesto que la suplementación con curcumina reduce significativamente la glucemia en ayunas, la HbA1c, el HOMA-IR y los niveles plasmáticos de insulina (Zheng et al., 2024) [18]. Resulta particularmente interesante el hecho de que los mejores efectos se observaron con dosis superiores a 1 gramo al día y con periodos de suplementación superiores a las 10 semanas, lo que sugiere una relación dosis-tiempo coherente con una mejora progresiva de la sensibilidad a la insulina.

Los autores subrayan, además, que la curcumina parece activar la AMPK, uno de los principales sensores energéticos celulares, favoreciendo la utilización periférica de la glucosa y reduciendo la gluconeogénesis hepática (Zheng et al., 2024) [18]. Este paso es extremadamente importante porque conecta directamente los efectos de la curcumina sobre el metabolismo glucídico con lo observado en los párrafos anteriores sobre la relación entre la AMPK y mTOR. Al activar la AMPK, la curcumina no solo mejora la captación de glucosa, sino que también contribuye a reducir la continua activación anabólica sostenida por mTOR en condiciones de hiperinsulinemia crónica.

Un papel particularmente interesante surge también de la combinación entre curcumina y piperina. Debido a la limitada biodisponibilidad oral de la curcumina, la piperina, un alcaloide presente en la pimienta negra, parece aumentar significativamente su absorción y eficacia biológica. Una revisión sistemática con metaanálisis en pacientes con prediabetes y diabetes mellitus tipo 2 mostró que la suplementación combinada con curcumina y piperina produce mejoras numéricas en la glucemia en ayunas, el HOMA-IR y el IMC (Widjanarko et al., 2024) [19]. Aunque algunos resultados no alcanzaron la significación estadística, la tendencia metabólica observada sugiere un potencial efecto favorable sobre la sensibilidad a la insulina, especialmente considerando el número aún limitado de estudios disponibles.

Este dato adquiere especial relevancia si se considera que la biodisponibilidad representa una de las principales limitaciones clínicas de la curcumina. La piperina parece, de hecho, aumentar la absorción intestinal de la curcumina mediante la inhibición de la glucuronidación hepática e intestinal (la reacción de desintoxicación más importante de nuestro organismo), permitiendo concentraciones plasmáticas más elevadas y biológicamente más activas (Widjanarko et al., 2024) [19]. En otras palabras, la pimienta negra no se limita a acompañar a la cúrcuma en la tradición culinaria, sino que podría amplificar concretamente sus efectos metabólicos.

Esta sinergia emerge con aún mayor claridad en las revisiones sistemáticas más recientes sobre las patologías cardiometabólicas. Una revisión de veinte ensayos clínicos aleatorizados controlados mostró que la combinación de curcumina y piperina mejora significativamente la glucemia en ayunas, la HbA1c y el HOMA-IR en sujetos con síndrome metabólico y diabetes tipo 2. Paralelamente, se observaron mejoras en la inflamación sistémica, el estrés oxidativo, el perfil lipídico y la adiposidad visceral. Los autores atribuyen estos efectos sobre todo a la activación de la AMPK, a la reducción de la gluconeogénesis hepática y a la modulación de los pathways inflamatorios como el NF-κB (Pan et al., 2026) [20].

Desde el punto de vista fisiopatológico, este es un concepto central: la resistencia a la insulina no es simplemente una "enfermedad del azúcar", sino una condición sistémica caracterizada por inflamación crónica, disfunción mitocondrial, alteraciones lipídicas y una continua sobreestimulación del pathway insulínico. La curcumina parece intervenir simultáneamente en todos estos niveles, contribuyendo a interrumpir uno de los principales círculos viciosos del metabolismo moderno.

En conjunto, las evidencias disponibles muestran que la cúrcuma no actúa como un simple agente hipoglucemiante, sino como un modulador integrado de la fisiología metabólica. Al mejorar la sensibilidad a la insulina, la inflamación, el estrés oxidativo, el metabolismo lipídico y la homeostasis energética celular, la curcumina parece contribuir a reducir la carga metabólica impuesta por la hiperinsulinemia crónica y la continua activación de mTOR.

En este sentido, la relación entre la cúrcuma y la resistencia a la insulina representa uno de los ejemplos más completos de cómo un compuesto natural puede dialogar con los principales mecanismos biológicos involucrados en las patologías metabólicas modernas, ofreciendo un apoyo fisiológicamente coherente dentro de una estrategia más amplia basada en la alimentación, el control glucémico y la reducción de la inflamación crónica.

La cúrcuma y su relación con mTOR

Para comprender plenamente el papel de la cúrcuma en el contexto de las patologías metabólicas, inmunitarias y proliferativas, es necesario detenerse en su relación con mTOR, uno de los principales nodos de integración entre nutrición, señales hormonales, estado energético y destino celular. mTOR puede imaginarse como una central de mando que decide si una célula debe crecer, producir proteínas, acumular energía o activar procesos de reciclaje y reparación como la autofagia. Cuando este sistema permanece crónicamente hiperactivo, como ocurre en condiciones de hiperinsulinemia, inflamación persistente y sobrecarga nutricional, el resultado es una pérdida de flexibilidad metabólica que favorece enfermedades crónicas y proliferativas.

En este escenario, la curcumina emerge como uno de los fitocompuestos más estudiados por su capacidad para modular directa e indirectamente la vía de la insulina PI3K–AKT–mTOR, sin actuar como un inhibidor brutal, sino más bien como un regulador fino de la señal. Una revisión amplia y actualizada subraya cómo la curcumina es capaz de reducir la hiperactivación de mTORC1, favoreciendo el restablecimiento de la autofagia y mejorando la respuesta celular al estrés oxidativo e inflamatorio (Khayatan et al., 2025) [21]. Este aspecto es crucial, porque mTORC1 representa uno de los principales frenos fisiológicos de la autofagia: cuando el freno se libera parcialmente, la célula puede volver a "hacer mantenimiento", eliminando proteínas dañadas y orgánulos disfuncionales.

Las evidencias experimentales muestran que esta modulación no ocurre de forma aislada, sino que involucra a toda la cascada ascendente. En numerosos modelos celulares, la curcumina reduce la activación de PI3K y AKT, con una consiguiente disminución de la fosforilación de mTOR y de sus efectores descendentes (Aliyari et al., 2025) [22]. Esto significa que la señal de crecimiento y supervivencia, a menudo amplificada en condiciones patológicas, se atenúa progresivamente. Desde el punto de vista conceptual, es como si la curcumina bajara el volumen de una señal que, con el tiempo, se vuelve ensordecedora para la célula.

Esta acción resulta particularmente evidente en los contextos oncológicos, donde la hiperactivación de mTOR sostiene la proliferación incontrolada, la resistencia al estrés y la adaptación metabólica. En las células de carcinoma pulmonar, la curcumina ha demostrado inhibir de forma dependiente de la dosis y del tiempo la vía PI3K/AKT/mTOR, induciendo simultáneamente apoptosis y autofagia (Liu et al., 2018) [23]. El uso combinado de curcumina con rapamicina, un inhibidor selectivo de mTOR, ha potenciado aún más estos efectos, confirmando que mTOR representa un nodo clave del mecanismo de acción. Este dato es importante porque muestra cómo la curcumina no actúa de forma aleatoria, sino que afecta a una vía precisa y bien caracterizada.

Un cuadro análogo emerge también en el melanoma humano, una neoplasia fuertemente dependiente del eje AKT/mTOR. En este contexto, la curcumina reduce la proliferación y la invasividad, induce la detención del ciclo celular y activa la autofagia, con una clara reducción de la fosforilación de AKT y mTOR, tanto in vitro como en modelos in vivo (Zhao et al., 2016) [24]. Aquí la autofagia parece asumir un papel pro-muerte, sinérgico con la inhibición de las señales de crecimiento, lo que sugiere que la curcumina puede empujar a la célula tumoral hacia una pérdida irreversible de la capacidad de adaptación.

El vínculo entre curcumina, mTOR y destino celular se vuelve aún más sofisticado cuando se considera el papel de la ferroptosis, una forma de muerte celular distinta de la apoptosis. En modelos de cáncer gástrico, la curcumina induce una ferroptosis a través de la supresión de la vía PI3K/AKT/mTOR, con un aumento del hierro intracelular (Zheng et al., 2024) [25]. En este caso, la inhibición de mTOR no solo favorece la autofagia, sino que crea las condiciones metabólicas que hacen que la célula sea vulnerable a la ferroptosis. Es como si la curcumina llevara a la célula tumoral a un callejón sin salida, donde los mecanismos de supervivencia se desactivan progresivamente.

Un aspecto particularmente relevante, que amplía el discurso más allá de la oncología, es que la modulación de mTOR por parte de la curcumina no se traduce exclusivamente en muerte celular. En condiciones de estrés moderado, la reducción de mTORC1 puede favorecer una autofagia "protectora", útil para restablecer la homeostasis celular. Este doble registro, citoprotector o citotóxico según el contexto, es coherente con la función fisiológica de mTOR como sensor de la calidad celular (Khayatan et al., 2025) [21]. En otras palabras, la curcumina no fuerza un resultado único, sino que contribuye a restablecer la capacidad de la célula para elegir correctamente entre adaptación y autodestrucción.

Esta visión se ve reforzada por el papel de la curcumina en el diálogo entre mTOR y otras redes de señalización. Al reducir la inflamación y el estrés oxidativo, la curcumina aligera una parte de la carga que mantiene a mTOR crónicamente activo, sobre todo en las patologías metabólicas e inmunitarias (Aliyari et al., 2025) [22]. En este sentido, la modulación de mTOR no es un efecto aislado, sino el resultado de un reequilibrio más amplio del microambiente celular.

En conjunto, estos estudios definen a la curcumina como un modulador multifactorial de mTOR, capaz de reducir la hiperactivación patológica de la vía, reactivar la autofagia, favorecer la eliminación de las células irreversiblemente dañadas y mejorar la resiliencia celular en los contextos menos extremos. Es fundamental subrayar que esta acción resulta particularmente coherente con un enfoque basado en el estilo de vida: en presencia de hiperinsulinemia crónica y sobreestimulación nutricional, mTOR permanece constantemente encendido; la curcumina actúa, en cambio, como una señal de "redimensionamiento", ayudando al organismo a salir de un modo de crecimiento forzado y continuo. En este sentido, la relación entre cúrcuma y mTOR representa uno de los puntos de contacto más sólidos entre nutrición, metabolismo y biología celular moderna, y proporciona una base racional para el uso de la cúrcuma como apoyo integrativo en las patologías en las que el eje insulina–mTOR resulta desregulado, siempre dentro de una estrategia global orientada a la reducción de la variabilidad glucémica, de la hiperinsulinemia y de la inflamación crónica.

La cúrcuma, la AMPK y el reequilibrio metabólico de mTOR

Si en el párrafo anterior observamos cómo la curcumina es capaz de reducir directamente la hiperactivación de la vía PI3K/AKT/mTOR, existe un nivel de regulación adicional aún más profundo y biológicamente refinado: el ejercido a través de AMPK, el principal sensor energético celular. Comprender esta relación es fundamental, porque AMPK y mTOR representan dos programas metabólicos opuestos y complementarios. Cuando los nutrientes, la glucosa y la insulina están constantemente elevados, mTOR promueve el crecimiento celular, la síntesis proteica y la acumulación energética. Cuando, por el contrario, la célula percibe estrés metabólico o una disponibilidad energética reducida, AMPK ralentiza los procesos anabólicos, favorece el ahorro energético y reactiva la autofagia. En otras palabras, mTOR empuja a la célula hacia el crecimiento continuo, mientras que AMPK la devuelve a un modo de mantenimiento, adaptación y supervivencia metabólica.

En este contexto, la curcumina muestra una extraordinaria capacidad para restablecer el equilibrio entre estos dos sistemas. Uno de los ejemplos más interesantes surge de los estudios sobre el daño ovárico inducido por estrés oxidativo. En modelos experimentales de disfunción ovárica, la curcumina ha demostrado reducir significativamente la apoptosis de las células de la granulosa (células somáticas fundamentales presentes en el ovario de los mamíferos), mejorar la arquitectura folicular y restablecer el equilibrio autofágico a través de la activación de AMPK y la concomitante inhibición de mTOR (Duan et al., 2024) [26]. Este dato es particularmente importante porque las células ováricas resultan extremadamente vulnerables al exceso de especies reactivas del oxígeno y a la hiperactivación de las vías metabólicas asociadas al estrés celular. La curcumina parece, por tanto, actuar como un “corrector metabólico”, devolviendo a la célula a un modo más protector y menos disfuncional.

El aspecto más interesante que surge de este estudio se refiere al papel de la autofagia. El estrés oxidativo induce, de hecho, una respuesta autofágica alterada y desorganizada que, en lugar de proteger a la célula, puede contribuir a la degeneración folicular. La curcumina ha mostrado la capacidad de normalizar este proceso a través de la modulación del eje AMPK/mTOR (Duan et al., 2024) [26]. En términos biológicos, es como si la curcumina ayudara a la célula a “encontrar el ritmo correcto” de sus procesos de reparación interna, evitando tanto el bloqueo de la autofagia como su excesiva activación destructiva.

Esta capacidad de reequilibrar AMPK y mTOR emerge con gran claridad también en el metabolismo hepático. En células específicas expuestas a altas concentraciones de glucosa, una condición que simula el entorno metabólico de la esteatosis hepática diabética, la curcumina redujo significativamente la acumulación intracelular de lípidos a través de la activación de AMPK y la supresión de la señalización mTOR (Chen et al., 2025) [27]. Al mismo tiempo, se observó una reducción de la expresión de dos enzimas clave de la lipogénesis hepática. Este paso es extremadamente relevante porque demuestra cómo la curcumina no se limita a ejercer una acción antioxidante genérica, sino que interviene directamente en los programas metabólicos que regulan la síntesis y acumulación de lípidos.

Desde el punto de vista fisiopatológico, este mecanismo parece perfectamente coherente con lo que ocurre en las condiciones de hiperinsulinemia crónica. Cuando la glucosa y la insulina permanecen elevadas a lo largo del tiempo, mTOR permanece constantemente activo, favoreciendo la lipogénesis, la acumulación de triglicéridos y la esteatosis hepática progresiva. La activación de AMPK por parte de la curcumina representa, por el contrario, una señal opuesta: aumenta la oxidación de los ácidos grasos, reduce los procesos anabólicos y devuelve el metabolismo a un modo energéticamente más eficiente (Chen et al., 2025) [27]. Es como si la célula hepática dejara progresivamente de “almacenar” energía y volviera a utilizarla de manera más fisiológica.

Un cuadro análogo emerge también en los modelos de envejecimiento reproductivo masculino. En células testiculares y en testículos murinos expuestos a D-galactosa (un azúcar simple presente sobre todo en la leche, donde se une a la glucosa formando lactosa), la curcumina mejoró significativamente la integridad de la barrera hematotesticular a través de la activación de la autofagia mediada por la vía AMPK/mTOR. El envejecimiento celular estaba asociado a la reducción de las proteínas de las uniones ocluyentes, al aumento de los marcadores de senescencia (células que han dejado de dividirse pero permanecen metabólicamente activas en los tejidos) y a la supresión de la autofagia; el tratamiento con curcumina revirtió todas estas alteraciones (Xue et al., 2025) [28].

Este aspecto es particularmente interesante porque muestra cómo la regulación de AMPK y mTOR por parte de la curcumina no concierne solo al metabolismo energético, sino también al mantenimiento de la integridad estructural de los tejidos. La autofagia, de hecho, no representa simplemente un mecanismo de “degradación”, sino uno de los principales sistemas de mantenimiento celular a través del cual el organismo elimina componentes dañados y preserva la funcionalidad tisular durante el envejecimiento.

La misma lógica emerge también en el contexto intestinal. En un modelo murino de adenoma colorrectal, la curcumina reactivó el flujo autofágico a través de la modulación de la vía AMPK/mTOR. Paralelamente, se observó una mejora significativa de la integridad de la barrera mucosa intestinal, con aumento de algunas proteínas específicas. Este dato es biológicamente muy importante porque la disfunción de la barrera intestinal representa uno de los principales amplificadores de la inflamación metabólica crónica y de la activación patológica de la vía insulínica (Wang et al., 2025) [29].

En conjunto, estos estudios delinean un cuadro extremadamente coherente: la curcumina no actúa como un simple inhibidor de mTOR, sino como un modulador de todo el equilibrio energético celular. A través de la activación de AMPK y la reducción de la hiperactivación de mTOR, la curcumina favorece la autofagia, la resiliencia celular, el control de la lipogénesis, la protección tisular y el mantenimiento de la homeostasis metabólica.

Este concepto es particularmente relevante en el contexto moderno, caracterizado por el exceso calórico crónico, la hiperinsulinemia persistente y la continua sobreestimulación anabólica. En estas condiciones, mTOR tiende a permanecer constantemente encendido, mientras que AMPK es progresivamente “silenciada”. La curcumina parece, por el contrario, restablecer el diálogo fisiológico entre estos dos sistemas, devolviendo a la célula a una condición de mayor flexibilidad metabólica y capacidad adaptativa. En este sentido, la relación entre la cúrcuma, AMPK y mTOR representa uno de los ejemplos más avanzados de cómo un compuesto natural puede interactuar con los principales sensores energéticos celulares, contribuyendo a contrarrestar las alteraciones metabólicas y proliferativas asociadas al estilo de vida occidental moderno.

Conclusiones

La cúrcuma representa un ejemplo de cómo una especia tradicional puede influir en numerosos procesos biológicos. Nuestro recorrido comenzó con sus propiedades, vinculadas sobre todo a la curcumina y a otros curcuminoides. Estas sustancias muestran actividades antiinflamatorias, antioxidantes e inmunomoduladoras, interviniendo en mecanismos implicados en el desarrollo de muchas enfermedades crónicas. En particular, la curcumina puede reducir la actividad de NF-κB y la producción de citoquinas inflamatorias, contribuyendo a la protección de las células frente al estrés oxidativo.

A partir de estas propiedades, pasamos a las evidencias clínicas para comprender qué beneficios se han observado en humanos. Los metaanálisis reportan mejoras en la glucemia en ayunas, la hemoglobina glicosilada y algunos parámetros lipídicos. También se han observado reducciones de los marcadores inflamatorios y beneficios en el dolor articular, la rigidez y la recuperación muscular. Sin embargo, la magnitud de los efectos varía según las dosis y las características de los participantes. De hecho, la biodisponibilidad de la curcumina representa un elemento importante para interpretar los resultados.

Ampliando la mirada a las patologías tratadas, hemos encontrado aplicaciones que involucran a diversos sistemas del organismo. En la diabetes tipo 2, la curcumina puede contribuir al control glucémico y a la reducción de la inflamación. En las enfermedades autoinmunes, algunas investigaciones reportan mejoras clínicas, sobre todo en la artritis reumatoide, la colitis ulcerosa y la psoriasis. También surgen resultados interesantes en la osteoartritis y en los trastornos del estado de ánimo asociados a enfermedades crónicas. En oncología, en cambio, las evidencias siguen siendo predominantemente experimentales y no demuestran una eficacia terapéutica consolidada en humanos.

La conexión entre estas condiciones conduce a uno de los temas centrales del capítulo: la resistencia a la insulina. Cuando los tejidos responden con menor eficacia a la insulina, el páncreas aumenta la producción de la hormona para mantener estable la glucemia. La curcumina parece contribuir a contrarrestar este desequilibrio reduciendo la inflamación, el estrés oxidativo y las alteraciones metabólicas. Los estudios clínicos reportan mejoras en el índice HOMA-IR y en los niveles de insulina, lo que sugiere posibles beneficios en la sensibilidad insulínica. Además, hemos observado cómo la asociación con la piperina puede aumentar la absorción de la curcumina, aunque los beneficios clínicos de esta combinación requieren más confirmaciones.

Pero, ¿a través de qué mecanismos celulares se desarrollan estos efectos? La respuesta involucra la vía PI3K/AKT/mTOR, fundamental en la regulación del crecimiento y la supervivencia celular. En diversos modelos tumorales, la curcumina reduce su actividad, limitando la proliferación y favoreciendo la apoptosis (muerte celular programada), la autofagia (proceso que elimina y recicla los componentes celulares dañados) y, en algunos contextos, la ferroptosis. Esta última representa una forma de muerte celular asociada al hierro y al daño oxidativo de las membranas.

Estos resultados muestran cómo la regulación de mTOR por parte de la curcumina puede influir en el destino celular. Sin embargo, el control de esta vía no solo concierne al crecimiento y la supervivencia de las células, sino que también involucra los mecanismos que regulan el uso de la energía. En este equilibrio adquiere particular importancia AMPK, el principal sensor energético celular, capaz de contrarrestar, en determinadas condiciones, la actividad de mTORC1. De hecho, los estudios experimentales muestran que la curcumina puede activar AMPK y reducir la actividad de mTOR, favoreciendo el control de la acumulación de grasas y la regulación de la autofagia. A través de estos mecanismos, se han observado efectos protectores en modelos experimentales de daño ovárico, esteatosis hepática, envejecimiento testicular y alteración de la barrera intestinal.

Surge así el mensaje central del capítulo: la cúrcuma puede influir en los mecanismos que conectan la inflamación, la sensibilidad insulínica y el equilibrio energético celular. Las evidencias clínicas sugieren un posible papel complementario, mientras que muchas aplicaciones moleculares requieren más confirmaciones en humanos. Por tanto, su valor debe considerarse dentro de una estrategia más amplia, basada en una alimentación equilibrada, actividad física y control de los factores de riesgo metabólico.

Referencias

[1] The Golden Spice for Life: Turmeric with the Pharmacological Benefits of Curcuminoids Components, Including Curcumin, Bisdemethoxycurcumin, and Demethoxycurcumins

Shahrajabian e Sun, 2024

Curr Org Synth. 2024;21(5):665-683.

[2] Turmeric: from spice to cure. A review of the anti-cancer, radioprotective and anti-inflammatory effects of turmeric sourced compounds

Cozmin et al., 2024

Front Nutr. 2024 May 28:11:1399888.

[3] Effects of turmeric (Curcuma longa) and its constituent (curcumin) on the metabolic syndrome: An updated review

Vafaeipour et al., 2022

J Integr Med. 2022 May;20(3):193-203.

[4] Is Curcumin Intake Really Effective for Chronic Inflammatory Metabolic Disease? A Review of Meta-Analyses of Randomized Controlled Trials

Lee e Kim, 2024

Nutrients. 2024 May 31;16(11):1728.

[5] Effect of curcumin on cardiometabolic diseases in the elderly: A systematic review of randomized controlled trials

Rajabinasab et al., 2025

Ageing Res Rev. 2025 Aug:110:102801.

[6] Effects of turmeric (Curcuma longa) supplementation on glucose metabolism in diabetes mellitus and metabolic syndrome: An umbrella review and updated meta-analysis

Pathomwichaiwat et al., 2023

PLoS One. 2023 Jul 20;18(7):e0288997.

[7] Effects of curcumin/turmeric supplementation on glycemic indices in adults: A grade-assessed systematic review and dose-response meta-analysis of randomized controlled trials

Dehzad et al., 2023

Diabetes Metab Syndr. 2023 Oct;17(10):102855.

[8] Curcumin Attenuates Hyperglycemia and Inflammation in Type 2 Diabetes Mellitus: Quantitative Analysis of Randomized Controlled Trial

Mokgalaboni et al., 2024

Nutrients. 2024 Nov 30;16(23):4177.

[9] Impacts of Curcumin Supplementation on Cardiometabolic Risk Factors in Patients With Polycystic Ovary Syndrome: A Systematic Review and Dose-Response Meta-Analysis

Mohammadi et al., 2025

Health Sci Rep. 2025 Mar 2;8(3):e70525.

[10] Safety and Efficacy of Turmeric (Curcuma longa) Extract and Curcumin Supplements in Musculoskeletal Health: A Systematic Review and Meta-Analysis

Doyle et al., 2023

Altern Ther Health Med. 2023 Sep;29(6):12-24. PMID: 37574203.

[11] Curcumin and Type 2 Diabetes Mellitus: Prevention and Treatment

Pivari et al., 2019

Nutrients. 2019 Aug 8;11(8):1837.

[12] Curcumin and Curcuma longa Extract in the Treatment of 10 Types of Autoimmune Diseases: A Systematic Review and Meta-Analysis of 31 Randomized Controlled Trials

Zeng et al., 2022

Front Immunol. 2022 Aug 1:13:896476.

[13] Curcumin in Inflammatory Complications: Therapeutic Applications and Clinical Evidence

Zafar et al., 2025

Int J Mol Sci. 2025 Sep 25;26(19):9366.

[14] Effects and Mechanisms of Curcumin for the Prevention and Management of Cancers: An Updated Review

Yang et al., 2022

Antioxidants (Basel). 2022 Jul 28;11(8):1481.

[15] Potential therapeutic benefits of curcumin in depression or anxiety induced by chronic diseases: a systematic review of mechanistic and clinical evidence

Yuan et al., 2025

Front Pharmacol. 2025 Aug 22:16:1638645.

[16] Curcumin and Multiple Health Outcomes: Umbrella Review of Meta-Analyses on Interventions

Xu et al., 2025

Frontiers in Pharmacology, 2025, 16:1601204.

[17] Effect of Curcumin on Glycemic Control in Patients with Type 2 Diabetes Mellitus: A Systematic Review of Randomized Controlled Trials

Mahdavi et al., 2021

Advances in Experimental Medicine and Biology, 2021, 1291:139-149.

[18] The Effect of Curcumin Supplementation on Glycemic Indices in Adults: A Meta-Analysis of Meta-Analyses

Zheng et al., 2024

Prostaglandins and Other Lipid Mediators, 2024, 175:106908.

[19] Effects of Curcumin and Piperine Combination on Glycemic Profile in Patients with Prediabetes and Type 2 Diabetes Mellitus: A Systematic Review and Meta-Analysis

Widjanarko et al., 2024

Journal of the ASEAN Federation of Endocrine Societies, 2024, 39(1):106-114.

[20] Curcumin and Piperine Supplementation Modulates Inflammation, Oxidative Stress and Cardiometabolic Risk: A Systematic Review of Randomized Controlled Trials

Pan et al., 2026

Frontiers in Nutrition, 2026, 13:1814168.

[21] Targeting mTOR with curcumin: therapeutic implications for complex diseases

Khayatan et al., 2025

Inflammopharmacology. 2025 Apr;33(4):1583-1616.

[22] The PI3K/Akt pathway: a target for curcumin's therapeutic effects

Aliyari et al., 2025

J Diabetes Metab Disord. 2025 Jan 17;24(1):52.

[23] Antitumor activity of curcumin by modulation of apoptosis and autophagy in human lung cancer A549 cells through inhibiting PI3K/Akt/mTOR pathway

Liu et al., 2018

Oncol Rep. 2018 Mar;39(3):1523-1531.

[24] Curcumin induces autophagy, inhibits proliferation and invasion by downregulating AKT/mTOR signaling pathway in human melanoma cells

Zhao et al., 2016

Oncol Rep. 2016 Feb;35(2):1065-74.

[25] Curcumin Induces Autophagy-mediated Ferroptosis by Targeting the PI3K/AKT/mTOR Signaling Pathway in Gastric Cancer

Zheng et al., 2024

Turk J Gastroenterol. 2024 Jul 3;35(8):625-633.

[26] The mechanism of curcumin to protect mouse ovaries from oxidative damage by regulating AMPK/mTOR mediated autophagy

Duan et al., 2024

Phytomedicine. 2024;128:155468.

[27] Curcumin Attenuates High Glucose-Induced Lipid Accumulation in HepG2 Cells through AMPK Activation and mTOR Suppression

Chen et al., 2025

Biochemical and Biophysical Research Communications, 2025, 790:152879.

[28] Curcumin Improves Aging-Induced Blood-Testis Barrier Impairment by Regulating AMPK/mTOR-Mediated Autophagy

Xue et al., 2025

PLoS One, 2025, 20(4):e0321752.

[29] AMPK/mTOR/ULK1 Signaling Pathway Participates in Curcumin-Induced Autophagy in a Murine Model of Colorectal Adenoma

Wang et al., 2025

Drug Development Research, 2025, 86(5):e70115.